Un blog para presentaros mi primera novela y compartir mis opiniones, experiencias e inquietudes con vosotros. Amanece sobre Londres relata dos historias paralelas en el tiempo, una en el siglo IV y otra en la actualidad contra un mismo enemigo: Luzbel. El destino de sus personajes se decidirá antes de la salida del sol, tras una frenética carrera a través de las calles de la capital británica.

 

sábado, 30 de agosto de 2014

El demín de Paraxís

Existe en El Bierzo una pequeña ermita que alberga una talla singular. Además de toda la parafernalia propia de una iglesia, contiene una pequeña figura que hace estremecer cuando la observas detenidamente.
Apartado de la civilización y ya en la frontera con Galicia, el camino que lleva al pueblo de Paraxís te puede poner de los nervios.  Si no estás acostumbrado a las carreteras de la zona, su estrechez y los altos desfiladeros por la que transcurre, te aconsejo que no mires por la ventanilla para evitar una terrible sensación de vértigo. Vértigo solo compensado con el esplendor de su paisaje ya que el  camino asciende por una carretera rodeada de frondosa vegetación, sobretodo castaños, y unas vistas sin igual.
Justo al llegar al desvío hacia el pueblo, nuestros sentidos se pondrán a prueba una última vez. La sensación de precipitarte al vacío hará que sujetes con fuerza el volante, y una vez salvado este escollo, comprobarás cómo la carretera se estrecha aún más precipitándose en un pronunciado descenso en el que te encomendarás a todos los santos para no encontrarte con otro vehículo en sentido contrario.
Es recomendable estacionar a la entrada del pueblo y dar un pequeño  paseo hasta la ermita. Así se podrá disfrutar de la arquitectura típica de la zona, del paisaje con sus castaños centenarios, y tener la oportunidad de encontrarte con algún vecino que te pueda abrir la ermita o contarte alguna de las leyendas sobre o demo. Hasta hace poco, se podía observar la talla desde el exterior, pero ahora con la nueva reforma no es posible. Con lo cual si no conseguimos que nos abran el viaje habrá sido en balde salvo por el disfrute de la naturaleza que nos rodea.
Por el contrario, si conseguimos entrar, nos encontraremos con un altar presidido por el Ángel de la Guarda (curioso que la ermita esté consagrado a él) y a su derecha una pequeña talla negra, de orejas puntiagudas y guadaña en mano; sus alas rotas nos dejan entrever su ajetreado pasado. Leyendas como la de tres hombres que cegados por el alcohol, lo sacaron en procesión y tras un raro incidente con la talla, murieron en los meses sucesivos en extrañas circunstancias. Por eso cuando miras fijamente a la talla, puedes atisbar una pequeña sonrisa burlona que te hace desear con cada una de las células de tu cuerpo abandonar el lugar.
Tal y como voy desgranando poco a poco, se puede entrever que la comarca de El Bierzo es un lugar prolífico en leyendas y tradiciones, caldo de cultivo para que alguien lo suficientemente trastornado y enamorado de su tierra, le dé por escribir una novela para aunarlas en una trama fantástica como es Amanece sobre Londres.





miércoles, 27 de agosto de 2014

Avance del primer capítulo (part.6)

Jennifer se encontraba en su despacho discutiendo con su compañero sobre uno de los casos que traía de cabeza a la sección de homicidios. En ese momento un oficial llamó a la puerta y asomó la cabeza por ella.
—Disculpen por la interrupción, pero la señorita relacionada con el caso de suicidio de esta noche está aquí.
—¡Qué hace que no está ya delante de mí! —gritó. La cara que puso el oficial hizo que se percatara de que había sido un tanto descortés y se disculpó—: Lo siento, Ken, nos ha pillado en un mal momento.
—No se preocupe —dijo con una sonrisa nerviosa el oficial—. Ahora la hago pasar.
Lejos de sorprenderse por la fría contestación inicial de la inspectora, el oficial se sentía más bien turbado. Cerró la puerta y se fue encantado de que la guapa inspectora hubiera tenido el detalle de disculparse con él. Jennifer, a pesar de haber superado la barrera de los cuarenta años, era una mujer soltera muy atractiva, unas veces morena, otras castaña, que no hacía nada por ocultar su feminidad en un mundo de hombres. Solía contestar utilizando la ironía, como si de un universitario siempre pensando en sexo se tratara. Además, su forma de vestir con falda y tacón alto unido a su fuerte carácter hizo que se granjeara fama de femme fatale en la comisaría.
—¿Inspectora Jennifer? —preguntó con un tono neutro al entrar en la oficina.
—Buenos días. Es usted la ayudante del forense, ¿verdad?
—Sí —quería ser cauta y no hablar más de la cuenta.
—Este es el subinspector Anthony. Siéntese por favor —le pidió la inspectora educadamente.
—¿Y bien? —preguntó nerviosa, pues no podía evitar sentir cómo la mirada de Jennifer se clavaba en sus ojos. No terminaba de acostumbrarse a esa extraña sensación cada vez que una persona los veía por primera vez. Era como si se tomaran la libertad de descorrer una cortina y echar una ojeada en lo más profundo de su ser.
—Supongo que Pol ya le habrá enseñado el cadáver —le dijo Jennifer contrariada.
—Vengo de allí; pero verá, Jennifer —remarcó el nombre—, no sé en qué puedo ayudarla. Es la primera vez que veo a ese tipo.
—No se anda con rodeos —dijo Anthony dirigiéndole una mirada inquisitiva—. Verá, señorita, tenemos un caso aparentemente fácil entre manos. Su padre nos ha dicho que es un caso de suicidio.
—Estoy de acuerdo —afirmó la forense fríamente respaldando las conclusiones de Pol.
—Pero la escena del crimen dice lo contrario.
El hombre optó por un tono un tanto teatral.
—¿Crimen? —preguntó con fingida sorpresa mientras volvía la vista hacia la inspectora. Tal y como le había comentado a Pol tras ver el cuerpo, algo le decía que no se trataba del típico suicidio.
—Eso indican las pruebas —afirmó Jennifer—. Hemos interrogado al recepcionista de la pensión. El fallecido entró corriendo, pidió apresuradamente las llaves de la habitación y no esperó ni por el ascensor. A menos que tuviera prisa por terminar con su vida, no me parece la típica conducta de un suicida. Esto despertó las sospechas del recepcionista, que después de llamarle por teléfono y tras conseguir entrar en la habitación nos avisó.
—No sé por qué me están contando todo esto. Como les he dicho antes, no conocía a ese tipo —entendía adónde querían llegar los policías y se desvinculó inmediatamente de la víctima.
—¿Le dice algo el nombre de Jacobo Vidal, de nacionalidad española? —preguntó Anthony.
Notó desde el inicio de la conversación que los policías se turnaban para hablar y así tratar de desorientarla. Ella negó con la cabeza. Empezaba a sentirse incómoda. Era lo más parecido a un interrogatorio que había vivido nunca. Sentía algo en Jennifer que le daba confianza: de hecho ya había oído hablar bastante bien de ella en el juzgado. Pero ese tal Anthony tenía un rostro imperturbable, siempre con la misma expresión, lo cual la ponía nerviosa. Sin duda parecía ocultar algo y eso no le gustaba. Entonces decidió tomar la iniciativa ante el silencio que se produjo en el despacho, solo roto por el bullicio del resto de la comisaría.
—¿Podrían decirme por qué ese tipo llevaba una hoja del listín telefónico con mi nombre marcado? Si lo conociera, yo misma le habría dado mi teléfono.
—Esa es una de las razones por las que no hemos descartado el asesinato —dijo Jennifer ocultando su sorpresa. Supuso que se lo habría dicho su padre—. Ese hombre se traía algo entre manos, no creo que decidiera suicidarse de un día para otro. También me gustaría saber qué tiene que ver una forense en todo esto.
—Le ruego que si tiene algo que decirme me lo diga ya —le recriminó.
—Está bien, márchese. Le aconsejo que en los próximos días no salga de la ciudad. Volveremos a llamarla en cuanto avance la investigación —Jennifer parecía contrariada por la actitud de la forense.
—Genial —murmuró.
—¿Decía algo, señorita? —preguntó Anthony.

Me acaban de joder las vacaciones —recogió el casco y se fue.

martes, 26 de agosto de 2014

Tradición en Villafranca del Bierzo.

A Festa dos Maios es quizás una de las pocas tradiciones paganas que sobreviven en la comarca de El Bierzo y que también forma parte de mi primera novela Amanece sobre Londres. Es una festividad que hunde sus raíces en los ritos de fertilidad que se practicaban en numerosos lugares durante el equinoccio de primavera. La fecha ha ido cambiando con el paso de los años, pero básicamente el ritual ha perdurado intacto.
Se trata de celebrar la llegada de la primavera mediante un ritual de petición a los espíritus vegetales, para que favorezcan la fertilidad del lugar. Ese día, temprano, los mozos de la villa se dirigen al bosque a cortar las ramas de cañaveiras para vestir al Mayo; que es el nombre que reciben los niños que son cubiertos con ellas. A las doce en punto del mediodía desfilan desde varios puntos de la villa, formando maiadas, hasta encontrarse en la plaza. Durante el trayecto los tumban y los levantan como metáfora de la llegada a su fin del invierno y el renacer de la primavera. Mientras desfilan, entonan una canción a las mujeres de los balcones y dependiendo de si hay recompensa o no, por lo general castañas o nueces, cantan una estrofa u otra.


Marzo airoso abril chuvisnoso, sacan o maio florido y hermoso…
Entra maio con sus flores, sale abril con sus amores…
Tire castañas señora María, tire castañas que ten na cociña…
Esta casa é de losa, onde vive unha roñosa.

Esta casa é de cristal, onde vive un xeneral.

domingo, 24 de agosto de 2014

El miedo.

Esa sensación que nos estremece y pone todos nuestros sentidos alerta. Vinculado a nuestro subconsciente desde el mismo momento en que surgió la conciencia como mecanismo de defensa. Esa angustia o aprensión que siente el ser humano cada vez que se siente amenazado por un peligro o por otra persona. El miedo puede llegar a anular nuestra facultad de decisión y raciocinio llevándonos a comportamientos de los que nunca nos creeríamos capaces. Intolerancia, egoísmo, violencia, racismo, insolidaridad… Son algunos de los comportamientos que intentamos desterrar de nuestro ideario particular de puertas hacia dentro, pero que desafortunadamente, en la sociedad actual se siguen dando. El miedo también es una efectiva arma política y de marketing. Al final de la entrada os dejaré un fragmento del documental Bowling for Columbine (de obligada visión) donde nada más y nada menos el cantante Marilyn Manson lo explica perfectamente.
En Amanece sobre Londres también se aborda este tema entre otros. La motivación que me ha llevado a escribir hoy sobre el miedo, es la similitud de uno de los pasajes del libro con un tema tan candente y preocupante estos días como es el Ébola.  En un momento determinado se explica el estado de alarma que se generó con la gripe A, cuando la gripe común se cobra un mayor número de víctimas al año. Resultado, miles de vacunas a la basura. Seguro que la farmacéutica encargada de producirlas todavía se está frotando las manos. Un ejemplo de cómo con el miedo, se pueden incrementar las ventas.
¿Es lo que está ocurriendo en España los últimos días una maniobra política? Nada como provocar un estado de alarma en la sociedad para desviar el foco de atención de otros temas más acuciantes de nuestro país, más cuando parece que el desconocimiento sobre su contagio es amplio. Esta sería su vertiente más política y desde luego desconozco si habrá sido esa la intención. Pero lo que resulta curioso es cómo un virus tan mortífero como el Ébola, sigue campando a sus anchas y los países más avanzados no han intentado hacer nada para confinarlo en una sala de aislamiento de algún laboratorio, como puede ser el virus de la Viruela en su día.

De una manera u otra nunca olvidaré cuando mi profesor de biología nos explicó  sus efectos en el instituto. Una sensación de angustia invadió todo mi ser, mi cuerpo se estremeció y un sentimiento primario comenzó a surgir desde lo más profundo de mi ser… El miedo.



viernes, 22 de agosto de 2014

Avance del primer capítulo (part.5)

Esa noche se puso de parto. El destino quiso que fuera la misma noche en que cumplía treinta y tres años cuando naciera también su hijo.
La tormenta había empeorado, una densa capa de nubes cubría el pueblo dándole un aspecto tenebroso con cada relámpago. Una maraña constante de sonidos procedía de todos los rincones del lugar: ramas agitándose, ventanas mal cerradas, plásticos de los invernaderos serpenteando con el viento… Los únicos que permanecían en silencio eran los animales. Incluso la mascota de la familia se había refugiado debajo de una de las camas sin dar un solo ladrido, como era habitual en estas situaciones.
No se oía nada al otro lado de la línea. Por más que Casey lo intentaba mientras sujetaba cariñosamente la mano de Claudia, no recibía respuesta alguna. Claudia no se podía mover, debido a que las contracciones eran continuas y hacían que se retorciera de dolor. Sin pensárselo dos veces, besó la sudorosa mejilla de Claudia y se precipitó escaleras abajo. Se puso el chubasquero y, sumergiéndose en la fuerte tormenta, se fue a buscar al médico del pueblo. El alumbrado de la calle no funcionaba. Se abría paso entre las fuertes rachas de viento y lluvia ayudado por una pequeña linterna. Unos metros antes comenzó a gritar el nombre del médico pidiendo ayuda. Llegó a la puerta y la aporreó hasta que un hombre menudo la abrió con un viejo candil en las manos.
—¿Qué ocurre? —preguntó Tomás entrecerrando los ojos en un intento de reconocer a quien tenía delante.
—¡Rápido, es Claudia, está a punto de dar a luz!
Tomás, acostumbrado a estos menesteres, se calzó las botas que tenía preparadas a la entrada y se echó el abrigo sobre el pijama. Con un fuerte grito llamó a su hija de catorce años para que lo ayudara.
—¡Es en casa de los Evans! ¡Yo voy yendo, es un parto!

Cogió su maletín de urgencias y ambos se adentraron corriendo en la oscuridad de la desagradable noche.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Las siete Vírgenes de El Bierzo

Para la documentación reuní diferentes leyendas que siguen vivas en el imaginario popular como el culebre, las procesiones de ánimas, el cuerno de alicor o quizás la más conocida en El Bierzo: La leyenda de las siete hermanas. No se trata de una leyenda exclusiva de esta comarca y la verdad es que es compartida con otros lugares adaptándola cada cual a sus costumbres, pero en mi caso sirvió de inspiración para la llegada de Donato a nuestras tierras acompañado de sus hijas.  Os dejo con ella para vuestro disfrute.


     Cuentan los lugareños la leyenda que en tiempos a los que ya casi no se remonta la memoria, siete hermanas se dirigían a Santiago en peregrinaje. Al pasar por los Montes Aquilanos se sentían tan cansadas que decidieron sentarse en una fuente a descasar y refrescar los pies a la más pequeña, que debido a su edad sufría acusadamente los rigores del camino.
     Mientras la mayor atendía a la pequeña, el resto de las hermanas, hartas de las llanuras que dejaban tras de sí, decidieron ir a echar una ojeada a los impresionantes parajes que las rodeaban. Altas montañas y verdes campos deleitaban su vista. Llevadas por la emoción se tiraron colina abajo rodando, danzando y cantando, mas cuando se quisieron dar cuenta se hallaban perdidas sin poder verse entre sí.
     Cuando la hermana mayor, que las guiaba por el camino, se percató de la desaparición de sus hermanas era ya demasiado tarde. Gritó sus nombres, y al recibir solamente por respuesta el eco de su voz decidió ir en busca de las otras. Pidió a la pequeña que esperará en la fuente para poder avanzar más rápido. Tras varias horas sin éxito, decidió volver a recogerla.
     Cuál fue su sorpresa cuando regresó y encontró la fuente solitaria. Fruto de la desesperación corrió colina abajo hasta toparse con un pastor que cuidaba de su rebaño. Entre lágrimas le contó lo sucedido y este le recomendó subir a la montaña más alta de lugar para intentar divisar a su hermanas.
     Una vez en la cima intentó una y otra vez encontrarlas sin resultado. Presa del pánico se arrodilló entre sollozos y rogó a Dios que le permitiera verlas para reunirlas de nuevo. Sus plegarias fueron escuchadas y pudo verlas una por una pero sin que el resto pudieran verse entre ellas.
     La pequeña estaba peinándose tranquilamente en un lugar llamado Valdescallos. Se había escondido tras la fuente pensando que sus hermanas la habían dejado atrás por no poder seguir el ritmo del resto. La segunda estaba subida en una peña desde donde observaba todo el valle. La tercera al pie de un río llamado Valdeprado. La cuarta en un lugar que respondía al nombre de Fombasallá. La quinta a las orillas del rio Cúa, al pie del castro Bergidum. La sexta se encontraba en el centro del valle encaramada a lo alto de una encina intentando buscar al resto de sus hermanas.
     La hermana que hacía de guía las llamó, pero estas respondieron que preferían quedarse rodeadas de tan bellos paisajes hasta que Dios quisiera dar testimonio de fe a los hombres y mujeres del lugar. El señor les concedió su deseo dejándolas en el lugar en el que se encontraban, para que quien diera con ellas les levantara una ermita y un altar.

     La Virgen de la Guiana, la guía, fue encontrada por unos campesinos de Ferradillo en lo alto del pico que lleva su nombre, la bajaron al monasterio de San Pedro de Montes y le hicieron una ermita que se caía nada más finalizarla. El abad del monasterio entendió que la virgen quería descansar en lo alto de la montaña y levantaron allí la ermita.
     La Virgen de los Escallos apareció en la fuente que le da nombre. En ese mismo lugar le hicieron una ermita, pero antes de finalizarla también se venía abajo. Los habitantes del lugar pensaron que era debido a que se veía desde La Guiana y la Virgen no quería ser vista por ninguna otra de sus hermanas. Le levantaron otra más oculta y que pasara desapercibida. A esta Virgen se la conoce por su humildad y no gusta de romerías.
     A la Virgen de la Peña la hallaron unos pastores en lo alto de una peña. Exultantes de alegría, la bajaron a Congosto, donde lo vecinos la colocaron en el principal altar de la iglesia del pueblo. A la mañana siguiente cuando se corrió la voz del hallazgo, decenas de personas se agolpaban en la puerta de la iglesia para verla, pero cuando abrieron la puerta había desaparecido. Al cabo de un tiempo la volvieron a encontrar en la peña donde apareció y comprendieron que la Virgen, al igual que la Virgen de La Guiana, prefería estar en la peña y le hicieron allí mismo una ermita.
Cercano al arroyo de Valdeprado se toparon unos vaqueiros la quinta de las tallas. Desconocían a que imagen correspondía la Virgen, y en pleno verano, cuando discutían sobre el tema, los campos se tiñeron de blanco. En ese mismo lugar levantaron la ermita de la Virgen de las Nieves.
     Con la sexta no hubo dudas, encontrada en un recoveco entre una maraña de raíces de sauces, todos coincidieron en que se trataba de la Virgen de las Angustias. Al ser rescatada de ese lugar claustrofóbico, la Virgen se dejó levantar una bella ermita por los vecinos del pueblo de Cacabelos. A pesar de todo la virgen extrañaba el murmullo de la corriente del río Cúa, y anegaba con sus aguas de vez en cuando el templo.

     Por último, la Virgen de la Encina, fue encontrada fruto del azar cuando unos caballeros templarios cortaban leña en un encinar cercano a Ponferrada. Construyeron una ermita en su honor, que poco tiempo después fue ampliada a santuario por el fervor que despertaba entre los habitantes de la comarca.

lunes, 18 de agosto de 2014

La plaga de la pseudociencia

Es curioso cómo en pleno siglo XXI la gente es propensa a creer en todo aquello cubierto por un falso velo de ciencia. Es lo que se denomina pseudociencia. En ella podemos englobar cosas tan diversas como la astrología, abducciones o numerosas teorías conspiratorias.
El proceso científico es un proceso lento y tedioso en el que los resultados tienen que estar avalados, ser reproducibles y lo que es más importante si cabe: que sean susceptibles de ser refutados. No sé si será culpa del sistema educativo, de los medios de comunicación o de nuestra incapacidad y comodidad para darnos cuenta de la dificultad y esfuerzo que entraña el método científico. Pero para mí, los científicos son los verdaderos héroes del mundo en el que vivimos. Capaces de errar en sus razonamientos y no aferrarse a ellos por orgullo, comenzando una y otra vez hasta dar con una hipótesis valida. Abiertos a cualquier nueva idea, aunque choque frontalmente con su trabajo y capaces de encajar las críticas hacia los resultados del mismo. Todo ello exige una gran dedicación y esfuerzo que muchas veces no se transmite al gran público. Sus descubrimientos son comunicados con premura, pero no se ahonda en cómo se han conseguido esos avances que en muchos casos salvan vidas, dando una falsa sensación de facilidad e inmediatez.
Características que por otro lado sí posee la pseudociencia. Uno de los ejemplos más extendidos hoy en día es la creación de la especie humana por extraterrestres. Dejando de lado las grandes posibilidades literarias de la idea, desde el punto de vista científico resulta absurda. Da una respuesta fácil a todos aquellos que no quieren embarcarse en el estudio de la teoría de la evolución y aluden entre otras cosas a la cantidad de coincidencias que deberían darse para la creación de la vida en la tierra de forma espontánea. Les supone un gran esfuerzo pararse a pensar en el elevado número de posibilidades existentes debido a la infinidad del universo entre otras cosas. Como este ejemplo podría enumerar otros que se pueden leer día tras día en la prensa. Ritos de curación, satánicos, amorosos, en busca de la riqueza… Sinceramente, no puedo llegar a comprender cómo hoy en día una madre prefiere implorar a su dios a llevar a su hijo al médico. A fin de cuentas, unos comportamientos más dignos de la edad media que de la época en la que vivimos.
Tras afrontar este tema a grandes rasgos, comprenderéis la necesidad que suponía para mí dotar los hechos fantásticos que aborda la novela de cierta base científica, de forma que generen la sensación al lector de que algún día podrían ser realizables. Convertí en mi mantra particular una de las tres leyes de Arthur C. Clarke: Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Entonces comencé a moverme entre dos aguas, la ciencia y la pseudociencia, rebasando sus fronteras en más de una ocasión. Finalmente creo que el resultado ha sido satisfactorio y que mi trabajo conseguirá dar alas a la imaginación del lector.